Doña Carmen lavaba los platos una tarde pesada, sintiendo que las cargas de la semana la agobiaban.
Su vieja radio de cocina estaba encendida a un volumen bajo, casi como un sonido de fondo. De repente, una predicación comenzó a hablar sobre cómo Dios cuida de las aves del cielo y de los detalles más pequeños de nuestra vida.
Carmen cerró los ojos, dejó el plato en la pila y sintió cómo una paz inexplicable inundaba su cocina.
Aquella palabra por la radio era la respuesta exacta que su alma necesitaba escuchar en ese preciso instante. Dios conoce tu dirección y usa los medios más sencillos para alcanzarte.
Cristina García

